Suspiro a la limeña: la dulce historia de un postre tradición

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Todos tuvimos una abuela que cada domingo siempre nos engreía con sus exquisitos postres, pero la felicidad total llegaba cuando tocaba probar uno muy peculiar; blanco como la nieve y suave como una nube, siempre esponjoso y con sus toques de canela y merengue al que dulcemente lo llamaban Suspiro a la Limeña.

¿Te has preguntado como buen peruano cómo nace este postre que ha conquistado miles de paladares?

Su origen se remonta hasta hace dos siglos, donde su nombre original era Manjar Real del Perú. Sin embargo, cuenta la historia que el escritor y poeta José Gálvez Barrenechea, muy inspirado tras probar el postrecito, lo bautizaría con su actual nombre por lo suave y dulce que era como el suspiro de una mujer. ¡Así de seductor era nuestro querido postre!

Y si también te preguntas qué hace especial y único a este exquisito postre, pues es el manjar blanco, una crema espesa compuesta de leche, almendras y azúcar cuyo origen es medieval y fue introducido por los viajeros provenientes de España. Otro ingrediente que hace que suspiremos con su sabor es el infaltable merengue, que le da la fina dulzura que lo caracteriza.

“Toca el cielo con el suspiro a la limeña”

No cabe duda que el Suspiro a la Limeña se ha convertido en un clásico de nuestra gastronomía, al punto de ser considerado postre bandera del Perú. Su inspiradora historia y cautivador sabor tiene enamorados a peruanos y extranjeros hasta el día de hoy y no dudamos, con orgullo, de que así sea con futuras generaciones amantes del sabor de lo nuestro.

Con tanta historia y sabor, ¡Como no incluir al Suspiro a la Limeña en nuestra carta! Por ello te invitamos a acompañar tu platillo favorito con uno de los postres más tradicionales del Perú y sentir ese suspiro cautivador y suave derritiéndose en tu boca.

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